Por las razones que han quedado reflejadas en el post anterior en estos días me viene constantemente a la memoria la primera vez que proncuncié las palabras "soy gay" en voz alta y delante de alguien. Era la primavera del año 94, la mujer de mi hermano había fallecido hacía tan solo unos meses antes con 29 años víctima de un cáncer que acabó con ella en 2 meses y dejando a una preciosa criatura de tan solo un año y medio. De todo aquello una de las cosas que aprendes, y que desgraciadamente olvidas rápidamente, es que hay que vivir el día, disfrutar de cada momento porque la vida te da la hostia sin vacilar cuando menos te los esperas.

Por todo ello, asumí rapidamente que tenía que vivir mi realidad y compartirla con la gente a la que quería, y al primero que le tocó, no podía ser de otra manera, era al que por entonces era mi mejor amigo, alguien de quien puedo decir lo mismo a día de hoy. Él acababa de terminar la carrera y estaba haciendo la mili, yo seguía estudiando, quedamos un jueves por la tarde a tomar café en uno de los bares de la Universidad. No tenía claro si iba a ser capaz de decirlo en voz alta. Yo ya le había comentado en alguna ocasión que de adolescente había tenido dudas, aunque terminé mintiendole diciendole que esas dudas me habían posicionado en "el lado hetero". Fue tan sencillo como aclararle que esas dudas nunca había existido, que siempre había tenido clara mi identidad, y que era gay.

Me quedó un primer descanso enorme, seguido de un gran desasosiego por observar su reacción. Se quedó mudo, bajaba la mirada, volvía a alzarla pero no para mirarme. Realmente no se esperaba esa "noticia" de ninguna de las maneras. Seguimos hablando como si no hubiera pasado nada, como si yo le hubiera comentado que esa semana habia hecho mucho frío. Salimos del café y nos despedimos, iban a pasar unos cuantos días hasta que volvieramos a vernos porque se metía en el cuartel para bastante tiempo, pero a lo dicho allí no había habido ninguna reacción, ni positiva ni negativa, encefalograma plano.

El domingo de esa misma semana me llamó a casa ( en el año 94 los móviles eran seguramente ciencia ficción, creo), no paró de hablar, de contarme cosas, de transmitirme energía, de demostrarme todo lo que el día del café fue incapaz, haciendo planes, mirando al futuro con descaro, demostrándome su amistad.

Aunque eso sería otra historia, poco tiempo despues haríamos un viaje a Granada unos cuantos amigos, de ese viaje surgieron dos historias de amor, la de él con la que hoy es su mujer (mi mejor amiga)  y la mía con jc aunque como ya digo esa es otra historia.

Me quedo con esas mariposas en el estómago que otra vez he vuelto a sentir estos días, con ese desasosiego que provoca la incertidumbre de no saber hacia donde se pueden dirigir los acontecimientos, con la tranquilidad que te da el poder mirar a los ojos a alguien que te importa y que quieres  con la certeza de qeu por fin sabe quien es a quien está mirando