Desde que empecé a escribir aqui y despues de 2 posts dedicados a la memoria de mi madre me sentía en deuda con mi padre, al que dejaba de nuevo en un segundo plano.

Hay una conversación típica en las relaciones padres-hijos, que creo que tiene el carácter de universal, es la que se da cuando llamas por teléfono a casa

- Dígame

- hola papa, ¿qué haceis?

- pues nada hijo, aquí

-¿estais bien?

-si...(silencio)

-anda dile a mamá que se ponga

...

La muerte de mi padre no fue un golpe tan duro como lo fue la de mi madre, lo "previsible" de su final te hace ir preparándote mentalmente ante lo que inevitablemente llega. Al llegar al hospital despues de dejar apresuradamente el trabajo mi hermano había desaparecido, ya hacía días que había tirado la toalla, mi madre estaba siendo consolada por sus hermanas en la sala de espera, ella también se había rendido ya, era cuestión de horas o quizas de minutos. Pasé a la habitación, y con él, ya inconsciente, solo se encontraban un hermano suyo y una hermana de mi madre. El miedo se apoderó de mi, quería salir huyendo yo también, rendirme caer desfallecido, pero al verlo agonizando pensé que si él todavía se aferraba a la vida nosotros deberíamos compartir su lucha, fueron pocos minutos...

http://www.lacoctelera.com/idem/post/2008/04/09/la-foto-mama

Desde que leí este post de mi amigo idem me viene constantemente este recuerdo a mi mente, supongo que porque fue la primera vez que vi a una persona sin vida, en realidad su paso de un estado a otro, necesitaba contarlo a ver si así deja de obsesionarme.

Nunca sabré si mi padre tuvo la certeza de que su hijo es gay, y cuanto me arrepiento hoy de no haber hablado de ello, porque creo que se fue sin saber quien era realmente su hijo. En las discusiones que podíamos tener mi hermano y yo la mayoría de las veces mi padre se ponía de mi parte, siempre utilizando el mismo razonamiento "miguel tiene una forma especial de ser, eso es lo que tienes que entender", con ello yo siempre llegaba al mismo lado; "me conoce", "lo acepta", "me quiere".

En unas semanas se cumplirá el segundo aniversario de su muerte, estos 2 años han supuesto un cambio radical en nuestras vidas, un giro de 180º que nos han llevado a partir de cero, a empezar de nuevo. Su enfermedad marcó el principio del fin de la vida tal y como la teníamos concebida y ahora, tan cerca de este triste aniversario y a unos meses del primero de la muerte de mi madre necesito coger impulso, necesito cerrar este luto que me ahoga aunque guardar el negro me suponga dolor. Mi vida me está esperando, lo que tengo ahora no es algo transitorio, es la vida con mayúsculas, debo aferrarme con fuerza a ella y dejarme llevar